"Las frases, cuanto más profundas, son más vacías."
Miguel de Unamuno

lunes, 17 de febrero de 2014

"No hay que creer que todo es verdad; hay que creer que todo es necesario."

Autor: Franz Kafka
Obra: El proceso

Estas palabras se las dice un sacerdote a K., tras lo que el protagonista comenta: "una opinión desoladora" y continúa "la mentira se convierte en el orden universal". Estas fresas son la conclusión a la conversación que se ha iniciado después de que el sacerdote le narre a K. un breve cuento muy curioso. Allí, un hombre de campo desea entrar en la ley, pero a las puertas de ésta le espera un guardián que poco más que le dice que en ese momento no le es posible la entrada. El cuento es muy recomendable; a la par que opaco. Pues bien, es precisamente sobre la opacidad del relato sobre lo que K. y el sacerdote mantienen una viva conversación, que como ya se ha dicho, concluye con el entrecomillado.
El proceso es una de esas obras que trasmite todo lo que pretende: angustia, desesperación, pérdida y desasosiego. Leyéndola uno se cree el propio K., sumergido en una literatura que no te da respuestas, en la que no sabes cómo has entrado, es imposible situarte y no se te avanza nada del final. El proceso es un auténtico proceso; donde todas las connotaciones negativas de esta palabra parecen imponerse. El proceso no es una lectura cómoda; nadie dijo que ninguna lectura tuviera que serlo. Estoy bastante seguro de que es lo que buscaba el autor, aunque nunca hay que perder de vista el contexto en el que las obras de Kafka nos han llegado, y cómo eso pudo -de manera irremediable a mi manera de ver- influir en nuestra lectura y percepción de las mismas. El proceso es una obra inacabada; parte de papeles sueltos en el despacho de Kafka y de fragmentos que hacía llegar a su mejor amigo por carta; otros tantos capítulos están incompletos, o se han perdido, o nunca se han publicado. En definitiva, es una obra fragmentada que presenta grandes problemas desde el principio, y en los que cualquier tipo de lectura sólo incidirá haciéndolos más grandes.
El entrecomillado podría hacernos pensar que esta serie de malas casualidades son en realidad el curso natural de las cosas, pero vayamos más despacio. Como dice K., esta frase, es desoladora. Hay que creer que todo es necesario, que nada es verdad, que todo forma parte de una gran mentira. Sin embargo, no se nos dice que esto sea así, sino que hay que creer que lo es. Como si cualquier tipo de conocimiento aquí fuera insuficiente y nos tuviéramos que rebajar a la siempre simpática creencia  Nos tenemos que creer la mentira, no nos queda más que aceptarla; nada pasa por el filtro de la verdad, nada se depura en algo tan fino y limpio como la verdad. El orden universal no conduce al universo a un orden de verdad, el mundo no se ordena conforme a ese patrón; no funciona con la herramienta de la verdad. ¿Qué propone Kafka, o el sacerdote, al trasmitirle a K. esta rotunda frase ante la que el protagonista sólo es capaz de mostrar asombro? O, si nos hacemos protagonistas nosotros ¿cómo deberíamos reaccionar ante tal afirmación? ¿Qué debería suponer para nosotros que no hubiese lugar para la opinión, donde la necesidad es la única guía?