"Las frases, cuanto más profundas, son más vacías."
Miguel de Unamuno

martes, 23 de julio de 2013

"La vida es quemar preguntas"
Autor: Antonin Artaud
Obra: El ombligo de los limbos


"¿Qué era Artaud? ¿Un poeta, un actor, un dramaturgo, un filósofo, un provocador, un loco?" Artaud es metáfora. Es el poeta hecho poesía. Su vida y su literatura, inseparables la una de la otra son la búsqueda incesante y sangrante de uno mismo. En la inmediata siguiente línea a la de nuestro entrecomillado afirma: "No concibo una obra separada de la vida". Su propia vida era ya en sí misma una obra. Desenvolviéndose unas veces en la desesperación, otras en la fantasía ayudado por la droga, cuando no en la locura, o todo ello en el manicomio. Personaje misterioso y singular, loco porque quizá se preguntaba con demasiada frecuencia quién era él.

Pero ese sufrimiento, esa pronunciada locura, esa pregunta sin respuesta que es uno mismo, es para él la vida. Quemar preguntas. No responderlas. ¿Cuál es la diferencia? Pues bien, si una respuesta es un discurso lógico, razonable o razonado; si una respuesta es donde se disuelve una pregunta y donde acaba de una vez por todas la duda, quemar preguntas es hacer de la duda un estado de vida. Quemar preguntas es sentir el fuego cerca, interiorizar el conocimiento que en sí mismo proporciona una pregunta. La vida es aprender de las quemaduras. Un sentimiento, unos sentidos, no miles de respuestas.
Artaud en su labor como dramaturgo se desprende de la palabra como el medio privilegiado de comunicación, enseñando los dientes al lenguaje de la razón. En su lugar, el teatro de Artaud es pura acción, es vida. Desaparece la palabra dejando lugar al confuso elenco de movimientos del actor, porque la vida no tiene respuestas, ni está escrita en ningún idioma que nosotros podamos entender. Hay que quemar preguntas porque es la única manera de hacer nuestro el mundo, hay que sentir las frías y afiladas puntas de la duda.
De una vez por todas, Artaud es un grito, que como la propia vida, nosotros debemos desgarrar, o dejar que nos desgarre.