"Un cobarde es un hombre capaz de prever el futuro. Un valiente casi siempre un hombre sin imaginación"
Autor: Charles Bukowski
Obra: La máquina de follar, Anagrama, 1987, Barcelona.
Página: 88
Bokuwski. Qué decir. Supongo que alguna vez en la vida uno debe leer a este genio y figura norteamericano, o quizá inútil, borracho y maleducado norteamericano. Hay que leerlo para poder decir de él una cosa o la otra. Personalmente, a mi me ha conquistado. Su estilo directo, sin tapujos, algo guarro, algo sucio y arrebatadoramente triste ha podido conmigo. Si a uno le gusta su estilo, ese estilo casi siempre tan inapropiado, inadecuado e irrespetuoso, es porque se siente, aunque sea un poco, identificado con sus personajes, sus historias... al fin y al cabo, sus vicios. Alcohólicos, vagabundos, putas y el gran elenco de personajes y personajillos que podríamos calificar de lumpen. Historias que no cuentan nada, que enseñan que la vida tiene sendas que la propia vida desconoce. Que se puede vivir siempre al borde de la muerte, de la pobreza, balanceándose al ritmo de la suerte y de las apuestas.
La máquina de follar es una de sus primeras obras traducidas al castellano. Gracias a ella, a que consiguió penetrar de lleno en el público, el resto de su trabajo fue traducido, y con el mismo éxito. Es de momento la única obra suya que he leído. Que a decir verdad, no sólo es una obra, sino una maravillosa colección de relatos descarados, sinvergüenzas que te dan un manotazo en la cara. Sin duda alguna, no será lo último que lea de él.
Hay toda una serie de admiradores de Bokuwski, pero de momento he decido no unirme incondicionalmente a ellos. También hay todo una recopilación de frases "celebres" (por decirlo de alguna manera) que esos admiradores no se cansan de coleccionar. Pero yo he elegido ésta.
Quizá sea el entrecomillado con el que más personalmente identificado me sienta. Soy un cobarde. Un decidido cobarde. Y me ha gustado poder leer que los cobardes al menos somos mejores en algo que los valientes. Tenemos imaginación, podemos prever el futuro.
Un cobarde es lento. Y lo es porque antes de abalanzarse decidido sobre alguna posibilidad, antes de correr con la cabeza alta por uno de los caminos, se para en la bifurcación e intenta imaginar qué monstruos, qué ríos desbordados, qué peligros al fin y al cabo, entrañará una decisión. A un cobarde le puede la cautela. Un cobarde no siente como corre el tiempo por sus venas. Es capaz de analizar la situación y no cometer un movimiento en falso. Pero seamos sinceros, un cobarde poco más tiene de bueno. Y es que a veces no dar un paso adelante, quedarse quieto, es exactamente el paso en falso. Lanzarse al vacío y dejar de lado de un vez por todas la imaginación, es necesario si quieres que tu vida no sea sólo algo más que literatura. Situarse en el plano de la realidad. Alienarse en la realidad, en las posiciones que la vida impone. Pero los personajes de Bukowski no se alienan. Viven como si la vida no fuera vida alguna.
Y ya desde un tiempo pienso, y desde que leo a Bukowski más: si hay una manera de vivir, una única manera, o si da igual ser cobarde o valiente, borracho y pobre, si algo importa tener valores, tener casa y algo para comer. O si da todo igual, si no importa cómo te comportes, a quién ames o a quién odies, cuándo levantarte, cuándo emigrar, cuándo beber o alejarse de la gente.